"La Iglesia sigue alarmada por la falta de trabajo decente"
➤ Así lo recoge el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, en su escrito semanal y de cara a a celebración del Día Mundial del Trabajo Decente el 7 de octubre
A
la Jornada Mundial del trabajo decente, que se celebra este sábado 7
de octubre, dedica su escrito esta semana El arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, asegura en su escrito semanal que "la Iglesia sigue
alarmada por la falta de trabajo decente". Rodriguez, coincidiendo con la Jornada Mundial del Trabajo Decente, que se celebra el 7 de octubre, pide que
se pongan los medios para poner fin a la precaria situación que
padecen los que carecen de un trabajo decente. Reproducimos el texto íntegro del arzobispo primado:
UNA
INQUIETUD QUE NO ACABA
Desde
hace ya bastantes años, conseguir un trabajo supone una tarea
difícil, habiéndose agudizado esta situación tras la última gran
crisis económica que ha padecido nuestro mundo europeo y occidental.
Lo saben tantos y tantos españoles, sobre todo los jóvenes y los
mayores de más de cincuenta años, que mes a mes han ido comprobando
cómo se desvanecía su esperanza de un puesto de trabajo. Han sido y
son años duros, muchas veces sin horizonte, en hogares donde los
recursos iban disminuyendo paulatinamente, sobre todo al acercarse el
periodo de carencia del subsidio del paro y no encontrar trabajo. Las
condiciones son, sin duda, mejores ahora mismo, pero no son buenas,
sobre todo para una parte de la población con precariedad de trabajo
que sufre unas condiciones lamentables, aun cuando encuentra alguna
ocasión de trabajar.
La
Iglesia, y en ella grupos cristianos y organizaciones sociales y
eclesiales siguen alarmados por la falta de trabajo decente. Esta
definición se hace eco de unas palabras de Benedicto XVI con las que
llamaba a “una coalición mundial a favor del trabajo decente”. A
pesar de las dificultades que puedan existir en empresas y organismos
para crear empleo y mejores puestos de trabajo, la dignidad de las
personas debe ser siempre tenida en cuenta.
Y es el llamamiento que
yo puedo hacer desde estas páginas, consciente sin duda de mi poca
fuerza, para proseguir en el empeño de que sean menos los que tengan
un trabajo no decente, esto es, decente. Ya sé que pasamos en España
todavía por problemas muy serios, con mucha zozobra de qué puede
pasar, pero apelo a la buena voluntad, y en los católicos a contar
con las fuerzas del Espíritu, para reflexionar sobre este problema
serio, de cara a la Jornada mundial del trabajo decente el próximo
día 7 de octubre.
Ya
en 2016 se celebraron en muchas Diócesis españolas actos de
presencia pública en la calle, de oración y de celebración, para
no olvidar a estas personas concretas sin trabajo o con un trabajo
tan precario que llamamos, por ello, no decente, de contrato
cortísimos sin mucha cobertura social. El 70% de los hogares no ha
percibido que los efectos de la recuperación económica les hayan
llegado. Es una de las constataciones que la Fundación FOESSA ha
presentado en la sede de Cáritas Española en un informe llamado
Análisis y Perspectivas 2017. Desprotección social y Estrategias
familiares.
La gran recesión de los años 2007-2013 ha dejado sus
secuelas. Una de ellas tiene que ver con el riesgo que tenemos como
sociedad a acostumbrarnos a la precariedad. El informe es también
una acción de crítica social y una llamada a la colaboración en la
lucha contra la pobreza. La pobreza se hizo en esos años más
extensa e intensa. Hemos conseguido estabilizar en cierta medida la
extensión. Sin embargo, vemos que la intensidad, hasta hacerse
tantas veces crónica, no se debilita. Por ello, no podemos
resignarnos a la pobreza como algo natural.
El trabajo no decente significa luchar por cierta estabilidad en
el empleo y no estar solo a merced de la oferta y la demanda. El Papa
Francisco dirigió un mensaje a la Confederación Italiana del
Sindicato de los Trabajadores (CISL) el pasado junio bastante
incisivo: “Persona y trabajo son dos palabras que pueden y deben
juntarse. Porque si pensamos y decimos trabajo sin decir persona, el
trabajo termina por convertirse en algo inhumano que, olvidándose de
las personas se olvida y se pierde a sí mismo. Pero si pensamos en
la persona sin el trabajo decimos algo parcial, incompleto, porque la
persona se realiza plenamente cuando se convierte en trabajador;
porque el individuo se convierte en persona cuando se abre a los
demás, en la vida social, cuando florece en el trabajo”. Podemos
pensar que es que estamos en la economía del mercado y éste es de
este modo. Digamos, pues, mejor economía social de mercado, como
enseñaba Juan Pablo II. Si olvidamos la naturaleza social de la
economía, mal iremos.
Hay
que despabilarse y reflexionar sobre problemas verdaderos de los
hombres y mujeres que conforman esta sociedad. Nos gustaría que
tantos políticos como agentes sociales se preocuparan más de este
trabajo no decente. La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC)
de Toledo organiza un ciclo de conferencias desde el 4 de octubre al
29 de noviembre en torno a las preocupaciones como son el trabajo y
el bien común. ¿Por qué no aprovechamos esta oportunidad de
acercase al sufrimiento de aquellos que o no tienen todavía trabajo
o lo tienen tan precarios que no es decente? En las redes sociales
encontraremos datos precisos de estas conferencias. Gracias.
+Braulio
Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo











