Rodríguez Plaza viaja a Polonia como Primado de España
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| El arzobispo de Toledo firmando en el libro de honor. |
Declaración de los primados con ocasión del sexto centenario de la misión del primado de Polonia
Invitado por el arzobispo de Gniezno y Primado de Polonia Mons. Wojciech Polak, el arzobispo de Toledo y Primado de España D. Braulio Rodríguez Plaza, ha participado en los actos conmemorativos de los 600 años de la misión del primado de Polonia. También han asistido los primados de Bohemia y de la Galias. Los Primados han emitido una declaración conjunta con motivo de esta efeméride.
Recogemos el texto íntegro de la declaración:
"Nosotros,
los primados de Bohemia, de las Galias, de España y de Polonia, nos
hemos reunido junto a la tumba de san Adalberto —mártir de la
Iglesia indivisa—, llamado por san Juan Pablo II patrono de nuestro
continente, que entonces estaba en proceso de unificación bajo el
nombre de Cristo. Con ocasión del sexto centenario de la misión del
primado de Polonia, estrechamente ligada al arzobispo metropolitano
de Gniezno, deseamos subrayar la unidad de la Iglesia en Europa, así
como su atención hacia el presente y hacia el futuro de nuestro
continente.
El
primer primado de Polonia, el arzobispo Mikołaj Trąba, permanece
como modelo de un gran hombre que buscó inspiración en el Evangelio
para la solución de los problemas ligados a la crisis de la Europa
de aquellos tiempos. La representación polaca en el Concilio de
Constanza, dirigida por él, recordó la fuente de la identidad
europea: el amor de Dios para con los hombres, prescindiendo de su
confesión, nacionalidad o cualquier pertenencia de otro tipo.
El
primado del milenio, el cardenal Stefan Wyszyński, celebrando la
eucaristía en la catedral de Colonia, afirmó: Europa debería
reconocerse de nuevo como una nueva Belén para el mundo, para todos
los pueblos y naciones. De hecho, Europa ofreció al mundo un
humanismo extraordinario, basado en los descubrimientos del
pensamiento griego, de la ley romana y de la Revelación divina. Esta
síntesis representa un gran progreso que permitió el desarrollo de
Europa y su excepcional contribución a la herencia del mundo entero.
Un
año después, el papa Juan Pablo II pronunció en la capital de
Polonia las célebres palabras: No se puede de hecho comprender al
hombre hasta el fondo sin Cristo. O, más bien, el hombre no es capaz
de comprenderse a sí mismo hasta el fondo sin Cristo. No puede
entender quién es, ni cuál es su verdadera dignidad, ni cuál es su
vocación, ni su destino final. Y cuando llegó a Gniezno en 1997, en
el umbral de una nueva etapa de la integración europea, ante los
presidentes de siete países del oeste al este del continente,
exhortaba: No habrá unidad en Europa hasta que no se funde en la
unidad del espíritu.
Ahora,
el papa Francisco nos recuerda que Europa no es un conjunto de normas
que cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos que seguir.
Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad
trascendente e inalienable. Es éste el mensaje que nosotros,
Iglesias y primados de varios países, deseamos repetir hoy a Europa.
La historia de nuestro continente está llena de caminos sin salida,
de ideologías inhumanas, de conflictos y guerras sangrientas. Sin
embargo, Europa siempre ha sabido volver con humildad a sus propias
raíces, acogiendo el Evangelio y construyendo una civilización a la
medida del hombre. No lograremos superar esta crisis multiforme si
primero no nos arrodillamos y volvemos a las fuentes, sin las cuales
permanecen difíciles de comprender los valores europeos —libertad,
justicia, dignidad de la persona y respeto del bien común—.
Reconociendo
nuestra responsabilidad común, siguiendo al santo padre Francisco,
nos dirigimos a las naciones y a los líderes europeos con una
llamada a la solidaridad que comporta la conciencia de formar parte
de un solo cuerpo y, al mismo tiempo, implica la capacidad que cada
uno de los miembros tiene para «simpatizar» con el otro y con el
todo (discurso del santo padre en el sexagésimo aniversario de la
firma de los Tratados de Roma). Europa necesita, —quizás más que
nunca en el pasado— un consenso que se base en los valores
cristianos y humanos, alcanzado en un espíritu de solidaridad y
subsidiariedad, libre de populismos y del egoísmo".
Gniezno, 23 de abril de 2017
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| Rodríguez Plaza con el nuncio en Polonia. |













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