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MUCHO MÁS QUE UNA MARCA


Rafa Casero
                         Por Rafa Casero

Hace tiempo que venimos escuchando todo tipo de noticias relacionadas con la denominada «marca España» cuyo concepto podría sintetizarse en la estrategia que, impulsada por el Estado, aúna acciones políticas, empresariales y comerciales para vender la imagen de nuestro país en el escenario internacional. Lo cierto es que, sin pretender poner en cuestión el fondo de la iniciativa, siempre me ha chirriado que se emplee la palabra «marca» para referirse a nuestro país pues la concepción mercantil del término viene a reducir el concepto de nación, que aparte de sus estructuras políticas y empresariales, tiene un fuerte componente espiritual, de «alma» podría incluso decirse, que es lo que aporta el pueblo, elemento fundamental en la conformación y supervivencia de las naciones- estado. Además, el término «marca» no se compadece  en absoluto con el significado que se le da en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, pues en su acepción industrial se define como « distintivo o señal que el fabricante pone a los productos de su industria, y cuyo uso le pertenece exclusivamente»

Tampoco la actual Ley de Marcas, que define el concepto cómo << todo signo susceptible de representación gráfica que sirva para distinguir en el mercado los productos o servicios de una empresa de los de otras >>  va en consonancia con lo que se pretende decir cuando se habla de la Marca España. Hasta donde yo conozco, no existe distintivo o logotipo alguno que distinga a nuestros productos en el extranjero. Así, uno puede encontrar un Zara en la calle más comercial de Londres o en San Francisco y no ver nada en su logotipo que nos indique que estamos ante una firma española. Asimismo, uno encuentra aceite Carbonell en Sydney y se percata de que es un producto español solo si lee en letras minúsculas el famoso «made in Spain», pero nada más. Con estos ejemplos quiero poner de relieve que si lo que pretende la marca España es que se nos conozca ahí fuera, el común de los usuarios o consumidores posiblemente no tendrá ni idea de que ese buen producto que disfruta es español, pues falta lo esencial en una marca, el símbolo que la diferencie del resto.
 
En varios artículos he reiterado una idea que no huelga ser repetida una vez más. Si los colores o un símbolo de nuestro país se incluyese en el logotipo de las marcas que operan en el extranjero, muchas personas identificaría sus productos con España, lo cual reforzaría (que es de lo que se trata) nuestra imagen en el exterior. ¿Por qué los suecos de Ikea, los estadounidenses de Tommy Hilfiger o los franceses de Carrefour utilizan los colores de su bandera en sus logotipos? ¿Y por qué ni Inditex, Repsol, Santander y una larga lista de etcéteras no lo hacen? Es una pregunta a la que nadie ha sabido darme respuesta, ni tan siquiera algún que otro directivo de las empresas más potentes del país al que en una ocasión tuve la oportunidad de  preguntar ( y  que curiosamente si forman parte de la iniciativa «Marca España» )


 En resumen, creo que un país no puede nunca equipararse, ni aunque sea a nivel terminológico, a una marca, pero ya que estamos inmersos en ello, al menos diseñemos un logo ( con los colores rojo y amarillo, un representativo toro...lo que sea) para difundir por el mundo nuestra mejor cara. Si la Union Jack británica, las barras y estrellas norteamericanas, o la Torre Eiffel son auténticos iconos, nuestro país debería hacer un esfuerzo por tener una imagen reconocida a nivel mundial, y que mejor que aprovechar la iniciativa Marca España para elaborarla.

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